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Autor : Pablo
ID del Artículo : 48
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Versión 1.00.03
Fecha de Publicación: 3/6/2010 14:40:00
Lecturas : 196

  LA PÍLDORA Y LOS EVANGÉLICOS
Por Abraham Larrondo V.

El cuestionamiento hecho a ciertos funcionarios públicos por conductas privadas reñidas con la moral y las costumbres ha abierto las puertas a un debate que, en último término, versa acerca de la denominada moralidad pública.

En materia de doctrina valórica el mundo evangélico–protestante no tiene una sola voz. La diversidad se explica porque la Reforma Protestante del siglo XV se desarrolla en torno a dos ejes principales: “el libre examen de la escritura” y el sacerdocio  universal”. Ello implica que no existe una jerarquía episcopal que gobierne el orden religioso, ni un sacerdocio mediático que interprete la Biblia. Única fuente de inspiración y fe de los evangélicos – protestantes del mundo.

Lo anterior explica porque los evangélicos en Chile, tienen diversas interpretaciones en torno al uso de la llamada Píldora del día después y de otras situaciones contingentes, que el clero de la Iglesia Católica, resuelve con plena potestad e identidad  corporativa.

Sin embargo, en el caso del consumo de este fármaco, hay todavía elementos que ameritan una discusión evangélica, con mayor observancia al documento bíblico,  que es la fuente rectora del pensamiento cristiano evangélico, y que permitiría establecer una notable concordancia con los cristianos católicos. He aquí algunas lecturas que harán reflexionar a evangélicos y católicos de una autentica fe cristiana, que buscan cumplir con un paradigma de vida congruente a sus principios de vida, en el marco de una cosmovisión bíblica.

  Cuando abrimos La Biblia encontramos que respecto al llamado que Dios  hace al profeta Jeremías dice: “Antes que te formase en el vientre te conocí y antes que nacieses te santifiqué y te di por profeta a las naciones”. (Libro de Jeremías 1:5)

En tal afirmación se conjugan dos verdades que sustentan el principio de vida que actúa en la configuración biológica y espiritual del que esta por nacer. Primero que el ser humano que ha sido concebido nace con un propósito Divino y segundo que la vida del hombre se inicia en el misterio de la creación, al interior del vientre materno. Sin establecer  distinciones  respecto al cuando se inicia la vida o cuando termina. Basta la sola concepción del que nace a la vida, para que El Autor de la Vida, le otorgue el derecho a vivir y en lo inmediato el propósito que guiará su existir. Nadie nace por casualidad, en cambio si nacen por el sello de la Causalidad de la Misión que en vida tienen como imperativo espiritual todos los hombres.

En un caso similar se confirma lo anterior cuando abriendo La Biblia encontramos que el Profeta Isaías escribe: “... Jehová me llamó desde el vientre, desde las entrañas de mi madre tuvo de mi nombre memoria “(Libro de Isaías 49.1)

Y esta vez no se refiere a una persona en particular, sino más exactamente a su pueblo. Por esta causa escribe: “Mi  siervo eres, oh Israel, porque en ti me gloriaré” (Isaías 49:3).  Y establece su misión cuando dice: “Ahora pues, dice Jehová, el que me formó desde el vientre de mi madre para ser su siervo“. (Isaías 49:5)

Con ello revela un principio de vida que es consubstancial a la génesis y al sentido teleológico del hombre, su naturaleza y su especie. Este es el sentido de trascendencia de todo hombre desde su origen hasta el fin de sus días. Un sentido de vida irreversible e inmanente a su sola existencia.

Por esta causa David exclama con gratitud indescriptible: “Porque  tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre  de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado y mi alma lo sabe muy bien “. (Libro de Salmos 139:13)

Luego en el mismo capítulo expresa: “Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas”.

Esta sola afirmación del rey David, basta para comprender que en la concepción se manifiesta la Presencia de Dios en la génesis de los seres humanos. Porque de otra manera no se explicaría tal expresión de asombro contemplativo. No existe una vida, que surja en la historia de la sociedad en la cual Dios no haya tenido participación. Este es el concepto más profundo del misterio de la creación del hombre y la mujer, que se revela en Las Sagradas Escrituras. Por esto exclamó Job en la máxima expresión  de su sufrimiento que daba prueba de su fe: “ El que en el vientre me hizo a mí, ¿ no lo hizo a él?, ¿ Y no nos dispuso uno mismo en la matriz? ( Libro de Job 31:15)

Ahora bien si revisamos la lectura que remite el médico Lucas en el primer tratado que envía a su amigo Teófilo en el capítulo I del evangelio que lleva su nombre, encontraremos que dice respecto al milagro de la concepción, de Jesús Hijo de Dios en el vientre de María, cuando ella le pregunta, ¿Cómo será esto?... ante lo cual el ángel enviado de Dios responde: “ El Espíritu Santo  vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo ser que nacerá, será llamado hijo de Dios.” (Libro de San Lucas 1: 34 – 35)

La pregunta inmediata que debería hacerse el lector, en el marco de esta discusión es, ¿qué hubiera ocurrido si María, veinticuatro horas después de la concepción, hubiera tomado la píldora del día después, por temor a ser rechazada por José su marido? Obviamente hubiera asesinado al mismo Hijo de Dios y ningún hombre le hubiera conocido. Por lo cual Elizabeth “exclamó a gran voz y dijo... bendito el fruto de tu vientre”.  (Lucas 1:42)

Hasta ahora no existe contradicción entre los conceptos de vida que se extraen del documento bíblico. Pero lo que deberíamos entender que si bien la vida se desarrolla en diversas etapas de crecimiento, esta debe entenderse desde un paradigma holístico o sistémico, en el que cada uno de sus procesos y la conjugación de sus elementos orgánicos, psicológicos y espirituales que la constituyen son interdependientes e indivisibles  entre sí. Por esto dice inspirado David: “No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra.  (Salmos 139: 15)

Cuando algún  hombre piensa que puede negar la existencia de vida en alguna de las etapas de su configuración, está con ello asumiendo la falacia de creer en que las etapas de su desarrollo sistemático,  son independientes entre sí. La potencia vivencial del ser humano está en todas y cada una de sus fases de crecimiento. Por lo cual dice: “Él...  da alimento a todo ser viviente “(Salmos 136: 25)

En lo que se refiere al fundamento filosófico y teológico de la concepción de la vida, coexisten tres corrientes o escuelas de pensamiento, que intentan explicar el origen fecundacional del género humano. El primero de ellos se conoce como el PREEXISTENCIALISMO, basado en la tesis de Platón que afirma que la vida del alma es anterior a la concepción de la persona. Esta posición prácticamente no tiene seguidores en la teología moderna del mundo protestante–evangélico. La segunda corriente es el llamado TRADUCCIONISMO, que afirma que la  vida la otorga Dios al momento de la procreación, cuando se une el espermio del hombre con el óvulo de la mujer produciendo  concepción. En cambio el TRADUCCIONISMO establece que en la procreación o extensión de la vida está sujeta a la facultad o don Divino, que posee el hombre en la esencia de su naturaleza humana. Por esto dice: “Y los bendijo Dios y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla” (Génesis 1:28).

 
Este mandamiento, “llenad la tierra y sojuzgadla”,  lleva implícito el sentido de responsabilidad que debe asumir en conciencia el hombre y la mujer, puesto que los involucra a ambos cuando dice “llenad” y sojuzgad”. Siendo la primera responsabilidad la conservación de la vida, porque es categórico e incuestionable  el mensaje de “Fructificad y multiplicaos”. Por lo cual ninguna arte de interrupción de la vida es coherente con el principio de fecundidad que le asiste a la creación y a la propia naturaleza humana. Por lo que incluso todas estas políticas de control de la natalidad, no encuentran sustento bíblico.

Pero esa es materia de un  análisis mayor. Lo relevante en cuestión es que el TRADUCCIONISMO es el enfoque sistémico de la concepción de la vida, más representativo del pensamiento evangélico protestante.  Sin embargo hay que reconocer la ausencia de reflexión bíblica en torno a estas doctrinas, ha hecho que en el debate del aborto y los sistemas de anticoncepción genética, las posiciones se haya relativizado, hasta el punto que se le haya otorgado importantes concesiones a filosofías agnósticas,  basadas en el racionalismo espurio y el ateísmo materialista,  que han desarraigado toda intervención del Dios en la concepción de la vida, como en la génesis trascendente de su existencia.

Si pensamos que la discusión ha girado en torno al derecho de la mujer violada, es necesario asumir el error de no advertir la manipulación que en  los medios de comunicación, se ha hecho de esta circunstancia. Puesto que afecta la objetividad del observador, cuando un hecho de tanta violencia se instala justo en el punto intermedio de la doctrina y los actos de perversión humana. Nadie en tales circunstancias razona  con sentido de juicio. Muy por el contrario, cualquier persona condena o permite cualquier acto compensatorio, aunque este contrario a sus convicciones de vida. La idea es consolar a la  persona vulnerada en sus legítimos derechos. Con esa misma pasión, los judíos de la época buscaron piedras para matar a la mujer adúltera. Pero El Maestro, los llamó al sentido común, con la frase “el que no hubiere pecado... tire la primera piedra”. Luego todos desistieron de hacer “justicia” con pasión y aceptaron la Justicia con Razón.

Por lo que si entendemos que el hijo(a) de la mujer violada es una vida que tiene su propio sello, que le otorga identidad y derechos, ¿No sería justo dejarlo (a) vivir?, ¿Y qué  ocurriría el recién nacido fuera uno de nosotros? Es precisamente lo que ocurría en la antigua Israel, que basado en la ley Mosaica, ordenaba que el hijo(a) de la mujer violada, fuera entregado a la comunidad para su subsistencia, si  bien se infiere que ella debía aceptar su condición de embarazo no deseado. Y el violador era condenado a pagar con su vida por reprobable acto. (Deuteronomio 26:25). Este hecho es un punto vital de discusión política–jurídica en nuestro país. Puesto que mientras se condena a muerte al que está por nacer, la vida del violador se consagra absuelta de pena capital.

¿Qué juicio se hace antes de aplicar la pena de muerte del que esta por nacer? Por lo demás si la mujer violada, tiene el derecho a interrumpir la vida que está en su vientre, ¿qué impediría que tal decisión capital, la lleve a cabo en cualquiera  de las etapas de fecundación que se desarrollan durante su embarazo?

En tal virtud el documento bíblico es  categórico en cuanto a que el principio de vida que se gesta en la concepción es irreversible y trascendente puesto que representa la esencia Divina en la naturaleza  del hombre. Por esto dice: “Y Él es antes todas las cosas, y todas las cosas en Él subsisten”. (Colosenses 1:17)

 
ABRAHAM LARRONDO VEGA
 
Prof. Licenciado.

Magister en Ciencia Política
Universidad de Chile. Dr. © Educación Phd.

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